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Curso Fotografía Isla De Gran Canaria

?Www.cinebodas.com



BodaMás y El Corte Inglés te proponen los diseños más actuales y de- seados de las principales marcas y diseñadores. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.



Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real.



Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.



Aunque técnicamente no entraría en esta categoría hay que hablar de Kit Walker, que es realmente el mismo Hombre Enmascarado pero en su personalidad pública que no necesariamente real, ya que mientras está en la Isla de Bengala y en su Cueva de la Calavera permanece con su traje y antifaz, lo que no deja de ser (en parte) un antecedente de Batman y Bruce Wayne, con este último pasando a ser el disfraz que se ha creado el justiciero de Gotham City.




Parte igualmente de una anécdota de su biografía , pero la reinterpreta añadiendo una inesperada componente fantástica que proporciona unos matices sugerentes, con un estilo sencillo, quizás con un desequilibrio en la cantidad de textos de apoyo y diálogos para unas viñetas tan pequeñas, que causan cierta saturación visual (la línea fina se lleva mal con la profusión de textos) que impide redondear la historia, pero dejando un sabor de boca muy superior al resto del libro (1).



Revistas que si bien pueden rememorar formalmente a aquellas de las que hablábamos hace apenas un par de días, forman parte de una realidad bien diferente: su distribución está restringida a las librerías especializadas, con tiradas muy pequeñas; los autores cobran testimonialmente (cuando cobran) por su participación y, tras esa apariencia de acabado profesional encontramos más el espíritu imbatible e ilusionado del fanzine que la propuesta de ambición comercial.



Aunque si tuviera que elegir mis historietas preferidas de este número, tendría que decantarme por la genialidad de Lorenzo Gómez y por la ya clásica seguridad de Fermín Sólis- El primero sintetiza en dos páginas toda su capacidad historietística, con una historia sugerente que se nutre de una brillante composición en la que está cuidada desde la estructura de la página hasta la elección cromática, consiguiendo una doble página excelente.



En los años 40 y 50, el éxito de series como Terry y los piratas, originalmente juvenil pero derivada hacia un público adulto, de series como Li'l Abner Rip Kirby consiguen una curiosa dicotomía: la tira de prensa se consideraba un medio adulto, con autores a los que se propuso incluso para el premio Nobel, mientras que el comic-book quedaba relegado al tebeo infantil y juvenil, de peor calidad y escasa trascendencia.



Y no es porque los niños no quieran leer tebeos: el éxito del manga (los niños no quieren leer tebeos en blanco y negro?, me dijo una vez un editor) y de revistas como Witch (las niñas nunca leerán tebeos?, me dijo otro) demuestran que el problema no es de falta de interés de la infancia, sino de inexistencia de una oferta adecuada para esos lectores.



Un mundo sin normas internas al que Katchor intenta poner lindes con una férrea composición, de dos tiras de cuatro viñetas, pero que no deja de esconder a su vez, cual fractal, una ruptura interna: las viñetas superiores van decreciendo de anchura mientras que las inferiores aumentan, de tal forma que nunca coinciden entre sí. La cuadrícula, la estructura más simple, parece nunca alcanzarse, rota.



El porteño ya me había despertado el interés en algunas de sus obras anteriores, como La Burbuja de Bertold, pero la confirmación de su ya indudable calidad me viene con El muertero Zabaletta, una excelente historia en la que el guionista se arriesga a enmarcar una historia de género negro en un entorno urbano que recuerda al ciclo de Las ciudades oscuras de Schuiten y Peeters a los mundos de Mathieu, en los que la evolución tecnológica se detiene en los años cincuenta.



Se permite, además, el lujo de prescindir de florituras y concesiones a la galería, consiguiendo un relato tan duro como sugestivo, estructurado en entregas -curiosa coincidencia- que recuerdan poderosamente a las de las revistas de los 80. Un guión milimétrico que no hubiera podido funcionar sin la excelente interpretación de Dante Ginevra, que consigue el ritmo, tono y atmósfera necesario a cada momento.



Juega con ellos en una historia que parece hecha como homenaje explícito a Alan Moore: por un lado un tema ligero y casi tópico, ejemplo perfecto de los tebeos de aventuras británicos de los años 60 y, por otro, una complejísima estructura formal, en la que diferentes historias paralelas, estructuradas en una inmensa obra coral, confluyen hasta un final sorprendente.



Por el camino, Grist se permite además una desvergonzada mezcla de géneros, que van del terror a la ciencia-ficción, que recuerda en muchos momentos a la propuesta de Mignola en Hellboy (aunque teóricamente los Freedom Figthers son una nueva versión de Los invasores de la Golden Age, no son pocas las concomitancias entre la creación de Grist y el AIDP de Mignola).



El festival, que este año se celebrará el sábado 29 de agosto y que seguirá siendo de entrada gratuita, contará en esta edición con los sevillanos The Milkyway Express , una de las bandas con mejor directo del momento y con Rusty River Los onubenses, que estarán en el Maremoto Sound Festival por segundo año consecutivo, presentarán en Matalascañas su primer disco, con guitarras más contundentes y un sonido muchos más rotundo.
25 Jul 2016
Admin · 1928 views · Leave a comment

Curso Fotografía Isla De Gran Canaria

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BodaMás y El Corte Inglés te proponen los diseños más actuales y de- seados de las principales marcas y diseñadores. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.



Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real.



Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.



Aunque técnicamente no entraría en esta categoría hay que hablar de Kit Walker, que es realmente el mismo Hombre Enmascarado pero en su personalidad pública que no necesariamente real, ya que mientras está en la Isla de Bengala y en su Cueva de la Calavera permanece con su traje y antifaz, lo que no deja de ser (en parte) un antecedente de Batman y Bruce Wayne, con este último pasando a ser el disfraz que se ha creado el justiciero de Gotham City.




Parte igualmente de una anécdota de su biografía , pero la reinterpreta añadiendo una inesperada componente fantástica que proporciona unos matices sugerentes, con un estilo sencillo, quizás con un desequilibrio en la cantidad de textos de apoyo y diálogos para unas viñetas tan pequeñas, que causan cierta saturación visual (la línea fina se lleva mal con la profusión de textos) que impide redondear la historia, pero dejando un sabor de boca muy superior al resto del libro (1).



Revistas que si bien pueden rememorar formalmente a aquellas de las que hablábamos hace apenas un par de días, forman parte de una realidad bien diferente: su distribución está restringida a las librerías especializadas, con tiradas muy pequeñas; los autores cobran testimonialmente (cuando cobran) por su participación y, tras esa apariencia de acabado profesional encontramos más el espíritu imbatible e ilusionado del fanzine que la propuesta de ambición comercial.



Aunque si tuviera que elegir mis historietas preferidas de este número, tendría que decantarme por la genialidad de Lorenzo Gómez y por la ya clásica seguridad de Fermín Sólis- El primero sintetiza en dos páginas toda su capacidad historietística, con una historia sugerente que se nutre de una brillante composición en la que está cuidada desde la estructura de la página hasta la elección cromática, consiguiendo una doble página excelente.



En los años 40 y 50, el éxito de series como Terry y los piratas, originalmente juvenil pero derivada hacia un público adulto, de series como Li'l Abner Rip Kirby consiguen una curiosa dicotomía: la tira de prensa se consideraba un medio adulto, con autores a los que se propuso incluso para el premio Nobel, mientras que el comic-book quedaba relegado al tebeo infantil y juvenil, de peor calidad y escasa trascendencia.



Y no es porque los niños no quieran leer tebeos: el éxito del manga (los niños no quieren leer tebeos en blanco y negro?, me dijo una vez un editor) y de revistas como Witch (las niñas nunca leerán tebeos?, me dijo otro) demuestran que el problema no es de falta de interés de la infancia, sino de inexistencia de una oferta adecuada para esos lectores.



Un mundo sin normas internas al que Katchor intenta poner lindes con una férrea composición, de dos tiras de cuatro viñetas, pero que no deja de esconder a su vez, cual fractal, una ruptura interna: las viñetas superiores van decreciendo de anchura mientras que las inferiores aumentan, de tal forma que nunca coinciden entre sí. La cuadrícula, la estructura más simple, parece nunca alcanzarse, rota.



El porteño ya me había despertado el interés en algunas de sus obras anteriores, como La Burbuja de Bertold, pero la confirmación de su ya indudable calidad me viene con El muertero Zabaletta, una excelente historia en la que el guionista se arriesga a enmarcar una historia de género negro en un entorno urbano que recuerda al ciclo de Las ciudades oscuras de Schuiten y Peeters a los mundos de Mathieu, en los que la evolución tecnológica se detiene en los años cincuenta.



Se permite, además, el lujo de prescindir de florituras y concesiones a la galería, consiguiendo un relato tan duro como sugestivo, estructurado en entregas -curiosa coincidencia- que recuerdan poderosamente a las de las revistas de los 80. Un guión milimétrico que no hubiera podido funcionar sin la excelente interpretación de Dante Ginevra, que consigue el ritmo, tono y atmósfera necesario a cada momento.



Juega con ellos en una historia que parece hecha como homenaje explícito a Alan Moore: por un lado un tema ligero y casi tópico, ejemplo perfecto de los tebeos de aventuras británicos de los años 60 y, por otro, una complejísima estructura formal, en la que diferentes historias paralelas, estructuradas en una inmensa obra coral, confluyen hasta un final sorprendente.



Por el camino, Grist se permite además una desvergonzada mezcla de géneros, que van del terror a la ciencia-ficción, que recuerda en muchos momentos a la propuesta de Mignola en Hellboy (aunque teóricamente los Freedom Figthers son una nueva versión de Los invasores de la Golden Age, no son pocas las concomitancias entre la creación de Grist y el AIDP de Mignola).



El festival, que este año se celebrará el sábado 29 de agosto y que seguirá siendo de entrada gratuita, contará en esta edición con los sevillanos The Milkyway Express , una de las bandas con mejor directo del momento y con Rusty River Los onubenses, que estarán en el Maremoto Sound Festival por segundo año consecutivo, presentarán en Matalascañas su primer disco, con guitarras más contundentes y un sonido muchos más rotundo.
25 Jul 2016
Admin · 46 views · Leave a comment